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Sep
24

ATRIO 26 – MI MAESTRO (2)

Con este número de la Revista completamos el especial dedicado a los maestros que durante tantos años han impartido su docencia en Salvatierra. Si en el número anterior nos centramos en aquellos que ya nos habían dejado, en el presente hemos traído a nuestras páginas a otro grupo de maestros que afortunadamente todavía están entre nosotros. Entre la publicación de la anterior Revista y el presente número hemos de lamentar la muy setida pérdida de  D. José Naharro Castaño, maestro de Salvatierra y en Salvatierra durante muchos años, muy querido y apreciado por todos cuantos tuvimos la suerte de conocerle.

PORTADA 26No todos los maestros que pasaron por nuestro pueblo están presentes en la Revista. Por distintos motivos, faltan algunos. Pero ello no significa que sean menos recordados o menos apreciados que los que sí aparecen. Y todos ellos, los que están y los que no están, son merecedores de nuestra gratitud y nuestro reconocimiento. La revista Atrio queda abierta por si hubiese que incluir en próximos números algún testimonio, alguna semblanza o alguna foto de estos docentes cuya pasión ha sido enseñar.

El elenco de maestros que hoy recordamos comprende a profesionales vinculados con Salvatierra de distinta forma, aunque todos ellos durante algún tiempo ejercieron aquí su docencia. Los hay nacidos en nuestro pueblo que han ejercido aquí durante muchos años; otros, lo hicieron esporádicamente, desarrollando la mayor parte de su vida profesional fuera. Y también los hay que habiendo nacido en otros lugares han ejercido aquí algún tiempo e incluso algunos que establecieron sus lazos familiares entre nosotros convirtiéndose en verdaderos hijos adoptivos de Salvatierra.

La lectura de las breves semblanzas de nuestros protagonistas nos permite constatar los difíciles momentos que todos ellos tuvieron que abordar en los inicios de sus carreras: su recorrido por diversos pueblos de la geografía española hasta encontrar el acomodo más o menos definitivo que les permitiera dar estabilidad a sus vidas; su deambular por diversos pueblos en las precarias condiciones que compartían con todos sus convecinos, etc. Pero en todos se atisba el aprecio por su profesión, la vocación por la enseñanza y el amor y entrega por los niños a los que tenían que formar y guiar en los primeros pasos del conocimiento.

Esta mirada retrospectiva nos permite también valorar cuánto han cambiado las cosas. La enseñanza de hoy poco tiene que ver con la de los primeros cursos de nuestros protagonistas. Nada es comparable en términos de recursos, como corresponde a la evolución que en general ha seguido nuestra sociedad. Las condiciones de los centros, la organización de los ciclos educativos, los recursos y medios con que hoy están dotados los centros educativos, etc. ¡Qué lejos aquellos tiempos en que lo fundamental era asegurar la supervivencia!.

Desgraciadamente, no todo en esta evolución ha sido positivo. Tras la lectura de las semblanzas que acompañamos, se extrae el regusto amargo de que  nuestros profesionales sienten haber perdido parte de su antiguo prestigio como figuras emblemáticas de la sociedad de su tiempo y no sólo ante sus alumnos, sino también ante los padres y, en general, ante la sociedad. Se impone cada vez más un mundo materialista, de la permanente competitividad, del tanto tienes, tanto vales. Y así la figura del maestro, educador, formador y transmisor de valores, pierde relevancia. Por eso hoy es más necesario que nunca que les digamos a todos: gracias, muchas gracias por vuestra entrega y por vuestro generoso esfuerzo.

Incluimos un interesante artículo de nuestro colaborador habitual José Joaquín Rodríguez Lara, bajo el significativo título de “Los cimientos de la educación”. Se trata de un antiguo texto rescatado del blog del autor en el que pone de manifiesto la necesidad de que se potencie y prestigie la figura del profesor para que mejore la enseñanza. Al profesorado deben acceder los mejores, aunque no siempre sucede así por razones de diversa índole. De acuerdo, amigo. Pero para nosotros, los mejores fueron nuestros maestros.

 Cierra la Revista como es habitual, un resumen de las actividades que viene realizando la Asociación.

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