Calle San Blas, num. 1 – 06175, SALVATIERRA DE LOS BARROS – TFNO.: 677 747 123

229.- LAS CALLES DE SALVATIERRA DE LOS BARROS Y LOS CACHARROS DE LOS ALFAREROS EXPUESTOS AL SOL.

porronesEsta fotografía que hemos sacado hoy corresponde a una estampa muy antigua y muy típica de las calles de nuestro pueblo Salvatierra de los Barros, ha sido extraída de un periódico de la época y ella se nos muestra a la esposa de un alfarero que atiende a los cacharros que tiene puestos a orear al sol en la acera, en la parte de la casa donde está ubicada su alfarería.

En la correspondiente noticia leemos que “Salvatierra parece que es un lugar sólo poblado de botellas y botijos”, el periodista continúa diciendo que, en “las calles bajo el ardiente sol de mediodía, los botijos y botellas se alinean en batallones interminables, recostados contra la paredes…”

Y es verdad, está muy bien definida la antigua costumbre de poner los cacharros al sol aligerar su secado y así tenerlos dispuestos cuanto antes para ser cocidos en el horno, era una estampa muy común en nuestro pueblo hasta los años setenta.

La noticia es de los años 20 del pasado siglo, y hemos de decir que hasta la década de los setenta/ochenta se seguía esta costumbre, había que estar muy atentos al cielo y a las nubes no fuera que se generara una tormenta y cualquier chubasco o aguacero dieran al traste con todo el trabajo.

Esta costumbre ha pasado a la historia, son escasísimos los alfareros que saquen sus cacharros al sol, son diversas causas como son por ejemplo la que los alfareros hacen menos vasijas para agua, las que actualmente se fabrican sirven más para ornato en las casas y se secan más rápidamente sin tenerlas que sacar afuera, otras es que las dependencias donde trabajan han sufrido una gran transformación y han generado más espacio, también los coches que lo han usurpado todo, no sólo han echado de las aceras a los cacharros, también a los peatones.

En fin, estampas y datos alfareros que han ahí quedado para la historia y que los más viejos ñas añoramos, eran las de nuestra niñez y puede que alguna vez que otra les hiciéramos a los alfareros alguna barrabasada con nuestras travesuras.

 

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