Calle San Blas, num. 1 – 06175, SALVATIERRA DE LOS BARROS – TFNO.: 677 747 123

131.-LAS ANTIGUAS ESCUELAS EN SALVATIERRA DE LOS BARROS

escuelaAntes de la construcción del Colegio Público de Primera Enseñanza “Santísimo Cristo de las Misericordias” de nuestro pueblo Salvatierra de los Barros en el “Lejío”, los escolares de los años 50 éramos recogidos en antiguas casas alquiladas que se utilizaban como aulas, allí los maestros nos enseñaban las primeras letras a los muchachos y muchachas, eran unos locales desangelados, fríos en invierno y calurosos en verano, la mayoría de ellos con techumbre a teja vana.

En la fotografía que hoy mostramos vemos el edificio propiedad de la familia Torres Carrillo en la Plaza de España; en el piso superior en lo que nosotros popularmente llamamos los “doblaos”, estuvo ubicada una de las escuelas en la que impartía clases el Maestro Nacional (así se decía entonces) Don Antonio Jiménez el que a tantos y tantos niños desasnó, ejemplo de maestro y hombre benemérito. Otras escuelas estuvieron en los bajos del Ayuntamiento, en la calle Nueva o en la calle Manuel Vinagre, se llamaban Escuelas Unitarias de niños o niñas, pues estábamos separados por sexos.

Recordamos colgados en las paredes de la clase aquellos grandes mapas físicos y políticos de España, de Europa, Asia o América pendientes de una gran cuerda, el estrado del maestro situado en un plano superior y a la espalda del docente el crucifijo y los retratos de José Antonio y Franco.

Los pupitres de madera de dos plazas con las marcas de las iniciales de nuestros nombres hechas por nosotros mismos y todos ellos manchados con la tinta que el mismo maestro nos fabricaba y que estaba contenida en un tintero de china de color blanco introducido en un agujero hecho al efecto.

Con cariño recordamos los iniciales libros de texto “Rayas”, Enciclopedias de Grado Preparatorio, Elemental o Superior, la enciclopedia “Álvarez”, las pizarras y pizarrines, libretas de caligrafía de una o dos rayas, tantas cosas…

A eso de las doce comenzaba el recreo, la Plaza de España se volvía bulliciosa con la alegría y la algarabía de los muchachos y muchachas corriendo, riendo, dando voces, en fin, recuerdos de la infancia.

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