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Nov
11

A los curas les crecen las parroquias

   En el periódico Reginal HOY  de esta misma fecha aparece este artículo escrito por PILAR ARMERO, en él se habla sobre el trabajo de los curas y concretamente sobre D. Manueljesús Cintas Rosa nuestro párroco y de Salvaleón, os dejamos con su lectura.

MANUEL CINTAS SALVATIERRA Y SALVALEÓN

«Antes el cura tocaba hasta las campanas pero ahora no puede haber uno por pueblo»

 

JUAN CARLOS MILLA BAÑOS, LA GARGANTA, PUERTO

«Con dos o tres misas seguidas la alcoholemia no es un problema. Podría serlo con seis»

 

ROBERTO HERNÁNDEZ NAVALMORAL, ALMARAZ, JARAICEJO

 

«Soy el capellán de los túneles de Miravete, me conozco el camino como la palma de la mano»

Juan Carlos Milla Cuarto se echa a las espaldas más de500 kilómetrosa la semana entre atender a sus feligreses, terminar el doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca, dirigir el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Plasencia y dar clases tanto en este centro como en el seminario de la ciudad del Jerte. Buena parte de ese trajín se debe a las tres parroquias que desde el 30 de septiembre se le han encomendado: Baños de Montemayor, La Garganta y Puerto de Béjar, esta última ubicada en la provincia de Salamanca pero perteneciente a la extensa diócesis placentina, en la que también están incluidos algunos municipios que geográficamente son de Badajoz.

Antes de este nuevo destino estuvo en Jaraíz, donde trabajaba con más religiosos, pero desde donde se desplazaba también a Cuacos para atender a sus parroquianos, de manera que sabe de sobra lo que es pasar buena parte del día al volante.

Durante la semana laboral saca tiempo para ir a cada una de las tres parroquias para confesar, visitar enfermos, celebrar la eucaristía o dar catequesis. Su verdadera maratón parroquial se concentra no obstante en el fin de semana. Entonces tiene triple oficio religioso con tan solo una hora de diferencia entre uno y otro, y además con20 kilómetrosde distancia para moverse entre los tres.

Con este plan no le ha quedado otra que tener «un buen coche por seguridad», simplemente porque el vehículo se ha convertido en una herramienta fundamental para su trabajo y también porque en cuestión de meses tendrá que transitar por unas carreteras del norte de Cáceres y la provincia salmantina que muchos días estarán llenas de hielo y nieve. Dispone, además, de una estupenda capacidad para ordenar su agenda y no desatender ni parroquianos, ni alumnos, ni estudios.

«A pesar de lo complicado que pueda parecer estamos deseando ir el fin de semana a las parroquias a dar misa porque es cuando acude más gente y se puede concelebrar con la comunidad».

Lo mismo que a Milla le pasa a muchos otros sacerdotes de las tres diócesis extremeñas, que ven cómo cada vez más se van ampliando sus competencias. El motivo no es otro que la falta de vocaciones y la edad avanzada de muchos de los clérigos de la región, cuya media está en torno a los 61 años. Los seminarios están a medio gas, no hay relevo generacional y eso obliga a multiplicar las tareas de los que permanecen en activo, asignándoles entre otras cosas un mayor número de parroquias.

Manuel Cintas, el cura de Salvatierra y Salvaleón, pertenecientes a la archidiócesis de Mérida-Badajoz, es otro de ellos. En la mano de este salvaterreño de 58 años está atender a unos 4.000 vecinos de dos poblaciones que apenas distan una docena de kilómetros, pero separadas por una difícil carretera de montaña que recorre más de una vez a diario. Los dos pueblos pertenecen a la comarca Sierra Suroeste.

«Eso es lo peor, conducir, porque, aunque sea un trayecto corto, está lleno de curvas y puede salirte un animal en cualquier momento. Tengo la suerte de que mis feligreses son unos estupendos colaboradores y cuando llego a la parroquia me lo tienen todo preparadito para vestirme y dar la misa».

No es la primera vez que se le encomienda más de un municipio, la diferencia está en que antes se encargaba de una población grande y otra con menos habitantes hasta la que no hacía falta desplazarse cada día.

Lo que hace ahora es programar los oficios religiosos con al menos una hora de diferencia, y en tiempo de fiestas como Navidad o Semana Santa, en los que hay más celebraciones litúrgicas, aumenta la distancia entre ellas al menos en media hora para que le dé tiempo a llegar.

De esta manera, habitualmente tiene misa a las doce en un pueblo y a la una en otro, y por la tarde a las ocho y a las nueve, aunque cuando surgen imprevistos como un entierro que tuvo que oficiar el pasado día de los difuntos, día 2, tiene que eliminar una de las celebraciones. «Ese día tuve que quitar la de Salvaleón de la tarde, que es donde oficié el funeral».

La realidad es que las expectativas son poco halagüeñas en una comunidad en la que hay más parroquias que párrocos para atenderlas: 569 frente a 345 párrocos y vicarios parroquiales. La región cuenta con más sacerdotes, cerca de medio millar, pero no todos se dedican a atender parroquias sino a otras tareas que van desde la enseñanza hasta el destino en misiones o incluso la jubilación.

«El panorama es complejo, pero no hay que perder la esperanza, sino poner manos a la obra. ¿Cómo? Pues orando para que aumente el número de vocaciones, que es algo que puede hacer cualquiera que lo desee; y fomentarlas, por ejemplo desde delegaciones pastorales como las de juventud», indica Antonio Muñoz Aldana, vicario de Badajoz.

Su análisis de la situación es realista, hasta el punto de que califica como excepcional el hecho de que este curso solo hayan entrado dos alumnos en el seminario de Badajoz.

«Hacía cuatro o cinco años que no entraba ninguno. Con los que tenemos, este curso habrá alguna ordenación y el que viene también, pero después nos quedan un par de ellos o tres en los que no tendremos ninguna», calcula.

Las cosas no están mejor en el seminario de Cáceres, donde en el presente curso 2012-2013 hay 15 seminaristas, de los que 11 cursan estudios eclesiásticos o están en año pastoral, mientras que los otros cuatro siguen ESO y Bachillerato. En cuanto al número de ordenaciones, la media en esta diócesis es de tan solo una por año.

En el caso de Plasencia, más de lo mismo, con un seminario con 13 alumnos de los que 8 están en el grado de estudios menor y 5 en el mayor.

En 2010 hubo dos ordenaciones, el año pasado tres, este año se cerrará únicamente con una y la previsión para 2013 es que haya solamente otra.

Lo cierto es que el descenso de las vocaciones va en picado y es patente desde hace más de 40 años, según la información que maneja el sacerdote y sociólogo Jesús Moreno Ramos. «Se ha agudizado en los últimos 20 años y esto ha generado un progresivo envejecimiento del clero y, por lo tanto, no se produce el relevo generacional».

Se jubilan a los 75 años

Una situación que hace que los sacerdotes aguanten en sus puestos aun siendo septuagenarios, algo que no ocurre en otras profesiones, ya que no se jubilan hasta los 75 años.

Se acabó por tanto pensar que cada pueblo vaya a tener su cura, una realidad que a la gente le cuesta entender, sobre todo cuanto más mayores son. Los propios clérigos ya han asumido que lo de llevar solo una parroquia es agua pasada, hasta el punto de que cuando se les llama para asignarles destino muchos bromean preguntando a sus vicarios qué otra localidad de rebote, además de la principal, le van a dar.

«La falta de un sacerdote que esté de forma permanente en la localidad se advierte más en los pueblos que en las ciudades, porque en las primeras siempre ha habido algún párroco que se ha encargado de más de una parroquia. En los pueblos, en cambio, los vecinos notan que el cura ya no duerme allí, que es a lo que estaban acostumbrados», apunta Muñoz Aldana, el vicario pacense.

El padre Roberto Hernández, de 35 años, da fe de ello. «A la gente le cuesta entender que el sacerdote no esté permanentemente en el pueblo, que es su párroco pero que vive en otro sitio. En mi caso me ha tocado sustituir a dos curas que llevaban 50 años en Almaraz y 30 o 40 en Jaraicejo, de manera que es la primera vez que de repente les llega uno de fuera y además joven. No es a lo que estaban acostumbrado y para los mayores supone un trabajo entenderlo ya que para ellos el cura es un referente, necesitan hablarle, tenerle cerca…».

Este sacerdote se autodefine como ‘el cura de la A-5’ y no es para menos, ya que esa autovía es su camino diario entre las parroquias de Nuestra Señora de Las Angustias de Navalmoral y las de Almaraz y Jaraicejo, que les fueron encomendadas hace ya dos años. Desde la primera hasta la última hay una distancia de56 kilómetros, con la diferencia en su caso de que los recorre por una vía en buenas condiciones.

Roberto Hernández tiene la ventaja de transitar por una carretera cómoda. Sin embargo no puede programar los oficios religiosos con una diferencia de tan solo una hora, como hace el párroco de Salvatierra y Salvaleón, porque no llegaría «y no es de justicia que el cura se presente tarde a dar la misa, ¿no?». Así que los distancia y de lunes a viernes acude dos días a cada uno de los municipios, mientras que los sábados tiene misa a las 11.30 en Navalmoral y a las 18.00 en Almaraz, mientras que a Jaraicejo solamente va a las 17.00 en el caso de que haya algún entierro; los domingos empieza por esta última localidad, con eucaristía a las 11.00 y sigue por Almaraz a las 12.30, para terminar a las 19.30 en Navalmoral. Tiene que recorrer más distancia que otros compañeros, pero dispone también de más tiempo para departir con sus parroquianos, a los que suele confesar la media hora antes de que empiece la misa.

Atender tres parroquias no es sin embargo su única tarea porque también es el secretario de Pastoral Juvenil de la diócesis de Plasencia y entre otras cosas eso le obliga a desplazarse a seminarios como el que siguió en Valencia durante el puente de Todos Los Santos. Tiene claro que si pudo ir fue gracias a sus compañeros, «mis hermanos, que atendieron esos días mis parroquias, porque si no hubiera sido imposible asistir».

De dos a tres parroquias

La media de parroquias por párroco en Extremadura está entre dos y tres, sobre todo en el ámbito rural, y en el caso de que las misas estén muy seguidas se podría plantear el problema de la tasa de alcoholemia, puesto que en la comunión toman una pequeña cantidad de vino. Una situación que, sin embargo, no parece dar problemas a los curas de la comunidad autónoma, ni siquiera en casos como el de Juan Carlos Milla, que da sus tres misas seguidas. «Con tres no pasa nada, otra cosa es que alguien tuviera que dar seis seguidas y ahí si que podría llegar a haber un problema», apunta.

Solucionar la situación que genera la falta de sacerdotes no es fácil, principalmente porque pasa por la necesidad de que aumente el número de vocaciones, una posibilidad poco probable a la vista de la progresión de los últimos años. No pueden resolverla tampoco los seglares que colaboran en las actividades parroquiales, ya que no están autorizados ni para confesar ni para dar la eucaristía. Eso sí, desde algunos frentes se apunta la necesidad de que vean aumentadas sus funciones.

«Los sacerdotes son insustituibles en la celebración de sacramentos como la eucaristía, unción de enfermos, penitencia… pero tareas como la catequesis, administración, animación litúrgica, Cáritas… pueden estar bajo la responsabilidad casi exclusiva de los seglares», indica Jesús Moreno.

Una idea para echar una mano a los sacerdotes extremeños, a los que les crece el número de parroquias que atender , al mismo tiempo que va aumentando su edad.

Saludos para todosen nombre de la Asociación.

Diego Guerrero Socorro, Presidente.

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